NUEVO EDITORIALISTA: CRISTOBAL COBO ARÍZAGA

Desde el día de hoy se une a nuestro equipo editorial Cristobal Cobo. Director del MUSEO SOLAR QUITSATO y reconocido investigador y gestor cultural independiente. Ha realizado multiples estudios e investigaciones en Geografía, arqueoastronomía, etnobotánica, así como activismo en derechos humanos, fomento de la paz y múltiples publicaciones académicas.

CRISTOBAL COBO ARÍZAGA

  • Director del Museo Solar Quitsato, Cayambe Ecuador.
  • Investigador y gestor cultural independiente.
  • Exploraciones e investigaciones arqueoastronómicas en los Andes Ecuatoriales.
  • Defensor del Patrimonio Cultural y Natural del Ecuador.
  • Estudios e investigaciones en Geografía teórica, arqueoastronomía y etnobotánica.
  • Activismo en derechos humanos y fomento de la Paz, representante de Peace Media Asia.
  • Miembro fundador de Quito Eterno.
  • Fundador del Proyecto Quito Solar.

TURISMO CHANCLETERO: CAMINO EQUIVOCADO

Te invito a retroceder en el tiempo y recordar los paisajes de Atacames, Montañita, Baños de Agua Santa, Otavalo y otros destinos turísticos que fueron sitios paradisiacos; donde la arena limpia, el olor de la naturaleza y la paz, hicieron de estos sitios, destinos soñados para muchos extranjeros; donde muchos de ellos incluso, decidieron quedarse a vivir, justamente por esas cualidades que hacían de estos tesoros únicos.

Lastimosamente, esa fama de destinos paradisiacos llevó a que el turismo local comience a visitarlos, pero con otros requerimientos: “diversión y entretenimiento”. Así es, en la mayoría de casos el turista nacional busca de ciertos artificios que satisfagan su capricho de divertirse y entretenerse, sobre la necesidad de preservar la naturaleza y la cultura.

Así fue que muchos destinos comenzaron a caer en la tentación de invertir en infraestructuras y emprendimientos que ofrecían la diversión. Comenzamos a ver que las playas fueron reemplazadas por cantinas de caipiriñas; miradores naturales por alas de ángel, manos de Dios, cascadas con neones, hostales por moteles, senderos ecológicos por farras de chivas y cuadrones. Los cantos de las aves por reguetón y ríos cristalinos por balnearios encharcados; artesanías importadas; santuarios de paz, en antros y así, muchos destinos comenzaron con una metamorfosis que determinó la pérdida de su identidad, de su patrimonio natural y cultural.

La flor de la reserva natural comenzó a ser arrancada, el insecto a ser aplastado y los pichones a ser agredidos con parlantes y pirotecnia, porque ganó o perdió la selección de fútbol; igual, tal cual.

El sentido de pertenencia de ninguna manera lo relacionan con la conservación natural o de identidad. El sentido de pertenencia ahora es el tener. El querer ser por lo que tengo, no por lo que hago y este comportamiento deriva en el capricho de tener un pedazo del postre, un lote de la prístina tierra. Ahí viene la fiesta, a repartir el pastel, lo peor ha comenzado. las áreas circundantes comienzan a ser fraccionadas y las urbanizaciones “campestres” se ponen de moda, acabando con la todo lo que hacía de estos destinos valiosos en su pasado.

Las lotizaciones totalmente improductivas evidentemente, en áreas que supuestamente eran parte de la reserva natural. Ahora son una amenaza y no tiene porqué sorprendernos cuando comenzamos a ver a los ríos turbios y contaminados en Mindo, Pedro Vicente Maldonado, Puerto Quito. El río Caoní, que representaba la belleza fluvial del Noroccidente de Pichincha, va perdiendo su brillo y transparencia, tristemente.

En definitiva, estos destinos comienzan a dejar de ser atractivos para el turismo receptivo y comienza a predominar una transformación que atrae lo que no nunca hubiéramos querido: la inseguridad, y la delincuencia se hacen presentes, sobre todo en nichos que se identifican con el vulgar desorden, pululan las licorerías, burdeles y el dinero fácil, como la minería legal o ilegal, lo mismo es.

Sin embargo, reflexionamos y vemos ejemplos alentadores, como Salinas de Guaranda, emprendedores, capaces, con conciencia plena de la salvaguarda de su patrimonio natural y cultural, conscientes que no es su derecho, sino su obligación; guardan como una joya su rincón y nos motiva a pensar que posiblemente, todavía estemos a tiempo de enderezar el caminar en el Noroccidente de Pichincha.

Una cosa es lo que la gente quiere, pero otra es lo que necesita.

Apelo por el Agua y la Vida.