CHOCÓ ANDINO: LA REALIDAD DEL FERIADO…

No importa cuál sea el feriado, no importa si nos dan vacaciones por carnaval, semana santa, fin de año o día de la madre.

Parecería que los vacacionistas; principalmente quiteños, tienen la consigna de venir a dejar toda la basura del año en una de las reservas de biósfera más importantes del Ecuador y del planeta. La relación es directamente proporcional, más días de descanso, más turistas, más basura.

Resulta impensable que alguien se atreva a dejar estas montañas de desperdicios en las islas Galápagos o en el Yasuní, antes de regresar tranquilamente a casa. Sin embargo, esa misma conducta, igual de irresponsable e igual de ignorante se reproduce sin pudor alguno en el Chocó Andino, Reserva de Biósfera declarada por la UNESCO en 2018 

La mayor y más grave responsabilidad recae, sin rodeos, sobre las autoridades locales, provinciales y nacionales, tanto las actuales como las que las precedieron. No existe; ni ha existido, un sistema público de gestión ambiental, control territorial, educación ecológica, uso de suelo, ni manejo de residuos acorde con la importancia estratégica de esta reserva de biosfera.

La omisión no es casual: es el resultado de años de negligencia, desinterés y desconocimiento sobre la extrema fragilidad del ecosistema y la mega biodiversidad que resguarda el Chocó Andino del noroccidente de Pichincha.

Un ejemplo claro: la proliferación descontrolada de urbanizaciones vacacionales en San Miguel de los Bancos, Pedro Vicente Maldonado y Puerto Quito, las mismas que además de deforestar todo un bosque húmedo, hábitat de especies únicas en el planeta, para hacer casas de cemento; contaminan de manera indiscriminada el agua y producen toneladas de basura. Estas casas muchas ya abandonadas por falta de agua y sub utilizadas por las complejidades propias del ecosistema, después de casi una década, están acabando y contaminando las pocas vertientes de agua limpia que le quedan a la provincia, llevándolas a sus inodoros y piscinas privadas, siendo posteriormente desechadas obscenamente a los ríos.

Si bien las autoridades locales, provinciales y nacionales poco o ningún interés le dieron a la proliferación descontrolada de estas urbanizaciones altamente contaminantes; hijas de la deforestación y la destrucción del ecosistema y el hábitat de miles de especies de flora y fauna. Quienes habitan vacacionalmente estos espacios tampoco parecen tener tanto interés por el medio ambiente. Hasta la fecha las toneladas de basura después de un feriado siguen quedándonos como recuerdo de las «gratas vacaciones» de los citadinos.

Hasta ahora después de transcurrido el primer cuarto del siglo 21, los centros poblados de los tres cantones principales del noroccidente de Pichincha y muchas de sus parroquias y recintos, siguen tirando las aguas negras, grises, industriales y comerciales a las quebradas, ríos y esteros.

Las políticas públicas y sus efímeros representantes poco han hecho y poco harán por el medioambiente y el ecosistema. Seamos nosotros, quienes tenemos el privilegio de habitar una de las reservas de biósfera más importantes del planeta, quienes busquemos el equilibrio entre la naturaleza, el ecosistema y nuestra vida productiva y familiar.

Es evidente que las autoridades no pueden controlar el sistema de basura, pues entonces seamos nosotros quienes saquemos la basura de este ecosistema a lugares de menor impacto medioambiental. Busquemos sistemas de reciclaje y compostaje que incluso pueden resultarnos benéficos en nuestras propias casas y en varios aspectos cotidianos.

Hagamos de este 2026 el año de la reconciliación con el medioambiente y la activación de un turismo responsable, amigable y empático, acorde con el ecosistema de esta mega reserva de biósfera como es el Chocó Andino.

Su amigo.

Esteban Yerovi Proaño.