CHOCÓ ANDINO: Un laboratorio vivo al servicio de la academia

Cuando los estudiantes universitarios abandonan por un momento el asfalto y se internan en el bosque húmedo del Chocó Andino, algo más que ocurre un cambio de paisaje: cambia la forma de comprender el mundo. En este territorio —uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta— cada hoja, cada insecto y cada corriente de agua es un laboratorio vivo donde la teoría adquiere cuerpo

Desde una perspectiva científica, el contacto directo con el bosque permite observar procesos ecológicos complejos: interacciones entre especies, dinámicas de regeneración del bosque, ciclos de humedad, polinización, dispersión de semillas y adaptación de organismos a microclimas extremadamente diversos. Ningún libro puede reproducir la experiencia de registrar un canto de ave al amanecer, seguir el rastro de un insecto entre el follaje o medir la humedad de un suelo cubierto de hojarasca.

Pero el aprendizaje no ocurre solo entre árboles y quebradas. También se construye en el diálogo con las comunidades que habitan el territorio. Campesinos, guías locales y guardianes del bosque poseen un conocimiento acumulado durante generaciones: saben leer las señales del clima, reconocer plantas medicinales y comprender los ritmos del bosque con una precisión que complementa y enriquece la ciencia académica.

Así, las prácticas de campo en el Chocó Andino no son únicamente ejercicios académicos. Son encuentros entre saberes. Son puentes entre la universidad y el territorio. Y, sobre todo, son la oportunidad de que los futuros profesionales comprendan que la conservación del bosque no se aprende solo en las aulas: se aprende caminándolo, escuchándolo y respetando a quienes lo han cuidado mucho antes de que existan los laboratorios.

Así culmina un día de aprendizaje y buenos momentos de los estudiantes de la Universidad San Francisco y del Liceo La Condamine de la ciudad de Quito. Al rededor de 35 estudiantes conocieron varias fincas agroecológicas: Casa Cucuya, Finca Sueños y Mi Terruño, compartieron con los guardianes de los bosques y disfrutaron en el cantón más cálido de la provincia de Pichincha.